Mitología y relación del Dios Wari con los Urus

Según la explicación que realiza Alberto Guerra con respecto al dios mitológico Wari, éste tenía el atributo de la fuerza, era un monstruo que dormía en las entrañas de la Cordillera que mira al mar.

Según la leyenda Wari un día se enteró que los hombres adoraban a Pachacamaj, representado por el dios Inti, luminoso y bienhechor de esa manera Wari depsertó de su sueño y decidió acumular el fuego de las montañas adquiriendo poder y fuerza y de esa manera rivalizar con el dios sol.

Al despertar se sintió gran conmoción y un estruendo que repercutió en las entrañas de los cerros; Wari observó la belleza de Aurora la hija del sol y se enamoró de su luminosidad, sintiendo un gran impulso de mancillarla, elevó así columnas de humo y fuego por los cielos; pero el sol surgió venciendo a las sombras, hasta que un día ejerció su venganza sobre los hijos de Inti, que cayeron con ingenuidad en la red de las intrigas y el engaño de Wari.

LOS URUS
El pueblo apacible de pastores de llamas del Uru-Uru, se había distinguido como el más atento en su culto al sol, todas las mañanas se le adoraba con las manos en alto, con el cuerpo inclinado y de rodillas, cantando hasta su aparición.

Precisamente ese fue el pueblo elegido por Wari para imponer el mal, dejando la prosperidad en los pueblos del Valle y dejando la desolación en el sector altiplánico, logrando de esa manera que se culpase a Pachacamaj, levantando a los Urus en rebelión.
El pueblo de los Urus cayó en el engaño y la envidia se apoderó de ellos; dejando atrás la pureza de alma brindada por Pachamaj, de esa forma los Urus se volvieron hoscos y esquivos, tomaron los bríos de la sedición y se convirtieron en laicas y aisiris (brujos) para dañar al prójimo.

Poco a poco el pueblo Uru fue cayendo en desgracia, pues se iban enfermando sin explicación al igual que su ganado; además se desencadenaron una serie de vientos helados, plagas y desastres.

Tras varios desastres causados por las plagas y pestes, un día apareció una bella Ñusta sin explicar su procedencia, tampoco nadie averiguó ni supo quien era ni de dónde venía, era hermosa, blanca y esbelta, su vestidura no estaba ceñida por faja alguna, una aureola luminosa y resplandeciente, iluminaba su imagen.

La aparecida se dirigió a los Urus y les recordó el pasado de felicidad en que vivieron, en paz, sin odio, ni maldades ni remordimientos, les pidió la vuelta hacia la bondad y el amor, la prédica era matizada con ejemplos y bellísimas parábolas que influyó en sus espíritus que los llevo a la promesa de ser buenos, volviendo a su luminoso pasado de bien y amor entre ellos y sus vecinos.

La luz asomó a las mentes de los Urus, volvió otra vez a reinar la paz y retornó la tranquilidad provocando la furia de Wari, quien para aplacar sus deseos de venganza, envió desde sus lares una serpiente monstruosa y horrible, venía del Sur a devorar a los Urus.

Espantados, la vieron todos, la angustia se apoderó de las almas y se acordaron de la mujer que un día los exhortó al bien, pero ella, vestida de blanca saya de bayeta, blandiendo resplandeciente espada, se encaminó por la llanura en la que la serpiente asomaba su cabeza.

Blandiendo su espada la mujer, dividió en dos al monstruo que, retorciéndose, murió convertido en rocas, confundiendo su cuerpo con el de las penas y colinas por entre cuyas cimas se la vio avanzar.

Vencido Wari, envió otra plaga para castigar a los Urus, del lado Norte un gigante y barrigudo sapo, abriendo enorme boca, que habría de engullirse a aquellos laikas que tanto uso habían hecho de él en sus brujeríos, avanzaba lento.

Otra vez, la mujer protectora de aquel pueblo, volvió a reaparecer misteriosamente entre los cerros próximos a cuyos pies se extendía el rancherío de los Urus y desde lo alto del cerro más próximo, hoy llamado Pie de Gallo, hizo girar sobre su cabeza, una honda con una piedra que llegó justamente en la boca del monstruo que al instante quedó convertido en piedra.

Enfurecido Wari hizo temblar la tierra de rabia e imaginó un tercer castigo, enviando así del lado Este un gran lagarto que arrastrándose desde Japo y Morococala, venía azotando los cerros con su enorme cola.

Según la leyenda el monstruo, era terrorífico y nadie se opondría a su paso, por lo que los habitantes del lugar creían que nadie sería capaz de acabar con él, cerca de Cala-Cala, la protectora mujer, salió al encuentro y con agilidad pudo dividir y separar el cuerpo de la cabeza de aquel gigantesco lagarto, con cuya sangre, se fue formando una laguna; su cuerpo, con las patas extendidas, quedó petrificado en los cerros que descienden hacia Cala-Cala.

Vencido una ves más, el terrible Wari, envió su cuarta plaga contra el pueblo de los Urus e hizo salir millones de hormigas de la boca del lagarto que yacía muerto cerca del charco de sangre que formaba la laguna de Cala-Cala.

La nueva plaga, se presento dividida en tres sectores la primera cerca del río Tagarete, la segunda por el sector de San pedro y la tercera en Jiquilla, el temor nuevamente se apoderó de los pobladores, pero la Ñuasta hizo girar su honda, lanzando piedras que, al llegar a los millones de hormigas, que se extendieron en toda la planicie como un ejército dispuesto a acabar con el rancherío de los Urus; se convirtieron en montículos de arena.
Al mismo tiempo, clavó en la cabeza del lagarto, un madero cruzado por otro de brazos menores que sirvió para ahuyentar para siempre a Wari, que desde entonces, oculto en las entrañas de los cerros brama de vez en cuando.

FIGURAS MITOLÓGICAS

HUARI

SERPIENTE

LAGARTO

SAPO

HORMIGAS

CONDOR

TIO

     
 
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